Debates electorales

De WIKIALICE
Saltar a: navegación, buscar

Los debates electorales son el acontecimiento mediático más importante en las campañas electorales al enfrentar a los candidatos más importantes frente al Electorado. Desde los primeros debates electorales televisados, entre Nixon y Kennedy en 1960, los debates electorales televisados generan una gran atención del electorado y amplias audiencias (Druckman, 2003)[1].

Funciones

Los debates cumplen distintas funciones en las campañas electorales. En primer lugar, no hay que olvidar su contribución a la legitimación del sistema democrático. Los debates permiten a los votantes la posibilidad de observar cómo se desenvuelven sus líderes, especialmente en un contexto de gran atención pública por su mayor audiencia en comparación al resto de acciones de comunicación electoral y por el amplio volumen de información mediada que producen. También se ha relacionado el análisis de los debates con la teoría de la agenda-setting y la competición para atraer la atención de los medios hacia aquellos temas que se desean tratar. Su influencia se fija desde el primer momento en el que se anuncia su celebración, estableciendo un escenario en el que los partidos compiten por «colocar» sus temas entre los temas de la agenda mediática y pública, de manera que sean los principalmente abordados en el debate.

Asimismo, se ha especulado sobre la influencia que poseen en la orientación en el voto, relacionando sus efectos con aquellas campañas que giran en relación al liderazgo de loscandidatos. En este sentido, el conventional wisdom de los estudios considera comúnmente que los debates electorales son elementos centrales de las campañas por la amplia atención que generan y la posibilidad de cambiar la orientación del voto, aunque la intensidad de su influencia en el comportamiento electoral está por precisar científicamente. La función principal que se atribuye a los debates desde el punto de vista de la decisión de voto es la de «refuerzo» del electorado y de un mayor conocimiento de los candidatos, al margen de la incidencia o el impacto que puedan tener en el electorado indeciso.

Formato

  1. Debates entre candidatos: Los debates entre todos los candidatos son poco habituales, salvo que sea un sistema de partidos con un número reducido de actores. Son más frecuentes los debates entre las fuerzas políticas mayoritarias, excluyendo las fuerzas políticas minoritarias. En este sentido, son característicos los debates entre dos, típicos del bipartidismo (Estados Unidos) o de sistemas con ballotage. También son frecuentes los debates entre varios contendientes, entre tres y cinco candidatos.
  2. Debates entre candidatos con periodistas que interpelan: ya sean varios candidatos, como en las presidenciales chilenas de 2005, o dos candidatos, como en los debates entre Kennedy y Nixon, en los que éstos eran interpelados individualmente por varios periodistas de distintas cadenas de televisión.
  3. Debates entre candidatos con el público que interpela, ya sea a varios candidatos o a un único candidato (como en el clásico formato español de «Tengo una pregunta para usted»). En este caso, a veces, también se formulan preguntas que la audiencia envía por cualquier medio online. Otra alternativa es el planteamiento de preguntas a los candidatos por un foro de invitados.

Estos formatos pueden ser combinados bien con un solo moderador o con más de un moderador. Los moderadores de estos eventos mediáticos suelen ser periodistas destacados, normalmente presentadores de informativos, de las grandes cadenas nacionales.

Los equipos de asesores de los candidatos tienden a estudiar todos los aspectos de los debates, desde el formato y los bloques temáticos y el orden en que se abordarán a su disposición en el estudio de televisión, la posibilidad de introducir preguntas directas entre los participantes, la extensión de las alocuciones, la duración de las introducciones y los cierres del debate, el número de cámaras y sus movimientos, el tipo de planos, los objetos y apuntes permitidos (gráficos, tablas…), etc.

Participación en debates electorales

Lo habitual es que los candidatos destacados en las Encuestas no acudan a los debates: Aznar en 1996, Cristina Kirchner en 2007, Daniel Ortega en 2006, Fernando Lugo en 2008, etc.

Los candidatos que aparecen destacados en las encuestas, si los debates no están regulados por ley, suelen preferir no comparecer en los mismos, como Aznar en 1996 y Rajoy en 2004 (Trent y Friedenberg, 2008: 285-287)[2]. El coste de imagen por eludir el debate no suele ser tan considerable como para arriesgar la ventaja obtenida durante el resto de la campaña y la Precampaña, pero también hay que evitar el potencial daño de la «silla vacía».

El cálculo político es distinto en el caso de los candidatos que aparecen descolgados en los sondeos y son potenciales perdedores, ya que entonces los debates son estratégicos para sus candidaturas. Los debates son especialmente importantes para aquellos que tienen un menor reconocimiento de nombre y un presupuesto de campaña inferior y representan opciones minoritarias, como mostró el ejemplo del liberal Nick Clegg en las elecciones británicas de 2010 o Gabriel Quadri en las elecciones mexicanas de 2012.

El denominado riesgo o daño de la «silla vacía» («the empty chair») ilustra gráficamente el daño ocasionado a la imagen del candidato ausente cuando se hace visible su no comparecencia en el debate dejando un lugar vacío en el escenario. La expresión se extendió a raíz del boicot del presidente Carter al debate preelectoral organizado en septiembre de 1980 por la Liga de Mujeres Votantes y al que acudieron los otros candidatos presidenciales, Reagan y Anderson, y el anuncio de las organizadoras de su intención de colocar una silla vacía en el escenario para recordar su ausencia. La decisión de no acudir a los debates o a alguno de ellos pudo afectar a las expectativas de voto de distintos candidatos destacados en las encuestas en diferentes elecciones: en 2006, por ejemplo, Lula en Brasil, López Obrador en México o Daniel Ortega en Nicaragua se negaron a debatir en algún momento y erosionaron sus expectativas electorales.

Por lo que respecta al número de debates y a su timing, es evidente que quien aparece destacado en las encuestas quiere menos debates y aquellos partidos y candidatos que van rezagados en los sondeos prefieren más; asimismo, los candidatos que encabezan las preferencias de los votantes presionarán para que haya la mayor distancia posible entre el último debate y el día de la elección para que su probable impacto en la decisión de los votantes se diluya.

Pitch del Debate

En el ámbito de los medios se hace importante el denominado «pitch» del debate. Los estrategas de la campaña pueden limitar o reducir deliberadamente las expectativas antes de los debates para, después de su desarrollo, ofrecer un desenlace de los mismos exponiendo una inesperada ventaja a favor del candidato que tenía, a priori, supuestamente, menos posibilidades de ganar el debate.

Intervenciones en los debates

Los candidatos preparan todas sus intervenciones considerando el espacio de tiempo a su disposición. Los candidatos preparan su declaración de apertura y de cierre, sus soundbites, las puntualizaciones enfáticas que puedan reiterar o latiguillos o sentencias discursivas que puedan sonar como eslóganes, y determinadas definiciones persuasivas o argumentativas, etc. Se suelen ensayar incluso los movimientos, ya que el lenguaje no verbal representa un factor muy importante en la percepción de los espectadores (interrupciones, gestos de desaprobación a los comentarios de sus rivales, etc.) y los asesores de comunicación tienen en cuenta que la primacía de la imagen en televisión, en la que las formas suelen predominar sobre los contenidos.Una práctica muy habitual consiste en realizar simulaciones previas de los debates con sparrings.

Spin del debate

La tesis del «spin» mantiene que la percepción de los electores sobre el ganador del debate puede verse influenciada por las impresiones recogidas en los medios de comunicación, que en los días posteriores al debate extienden la idea de un «vencedor» determinado. Por tanto, los candidatos participantes en los mismos y sus equipos desarrollan planes de comunicación en los medios tradicionales y en las redes sociales con el objetivo de ganar «el debate sobre el debate».

Véase también

Bibliografía

  • Stephen Coleman, C. (Ed.) (2000):Televised Election Debates: International Perspectives. Nueva York: Macmillan.
  • Crespo, I.; Garrido, A.; Carletta, I. y Riorda, M. (2011): Manual de comunicación política y estrategias de campaña. Buenos Aires: Biblos.
  • Garrido, A. y Sierra, J. (2013): «El debate electoral entre Rajoy y Rubalcaba: estrategias de comunicación política y efectos sobre la decisión de voto». En: Crespo, I. (Ed.): Partidos, medios y electores en procesos de cambio. Las elecciones generales españolas de 2011. 275-316. Valencia: Tirant lo Blanch.
  • Kraus, S. (2000):Televised Presidential Debates and Public Policy. 2.ª ed. Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum.
  • Lehrer, J. (2011): Tension City: Inside the Presidential Debates, from Kennedy-Nixon to Obama-McCain. Nueva York: Random House.
  • Norton, M. I. y Goethals, G. R. (2004): Spin (and Pitch) «Doctors: Campaign Strategies in Televised Debates», Political Behavior, 26:3, 227-248.
  • Reineman, C. y Maurer, M. (2005): «Unifying or Polarizing: Short-term Effects and Post-debate Consequences of Different Rhetorical Strategies in Televised Debates». Journal of Communication, 55: 775-794.
  • Schroeder, A. (2008):Presidential Debates. Nueva York: Columbia University Press.

Referencias

  1. Druckman, J. N. (2003): «The Power of Television Images: The First Kennedy-Nixon Debate Revisited», The Journal of Politics, 65:2, 559-571.
  2. Trent, J. S. y Friedenberg, R. V. (2008): Political Campaign Communication. Principles & Practices, 6.ª edn. Nueva York: Rowman & Littlefield.


Autor de esta voz

Antonio Garrido