Reputación Política

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La reputación es la estima que adquiere un individuo por la sociedad en la que vive (Warren, 2009)[1]. La reputación política es la aprobación, reconocimiento o creencia de virtudes que adquiere un individuo,  grupo o  institución en el ámbito político por parte de un grupo o de la sociedad. Es el juicio u opinión de algo o alguien por sus aptitudes y cualidades sobresalientes en la actividad política.

Si se considera a la política desde la perspectiva de Aristóteles (1985)[2] como “la búsqueda del bien supremo”, la reputación vendría como consecuencia de su actividad. Esta apreciación estaba planteada desde el ámbito de la moral y desde éste enfoque la reputación fue situada como una ley para el comportamiento social por John Locke[3].

En su obra Ensayo sobre el entendimiento humano (1956), el filósofo inglés John Locke señaló la importancia de procurar la reputación de las personas y de sus actividades, pues era un medio para ser aceptados por la sociedad, de tal manera que la colocó junto a otros elementos de vital importancia para el comportamiento humano. Manifestó que hay tres tipos de reglas morales o leyes: “1. la ley divina; 2. la ley civil, y 3. la ley de la virtud y el vicio, de la opinión o de la reputación, (…) con la primera los hombres juzgan si son  pecados o deberes; con la segunda, si son criminales o inocentes, y con la tercera, si son virtudes o vicios” (p.336)[3].

Asimismo, explicó que la virtud o el vicio se atribuyen a las acciones que son consideradas de  reputación o de descrédito y que a pesar de haber entregado su derecho a emplear la fuerza por el bien de la comunidad, los hombres mantienen “el poder de pensar bien o mal, de aprobar o desaprobar los actos de aquéllos entre quienes viven o con quienes tienen tratos”. (Ibidem, p. 338).

Regresando con el concepto de política, en la actualidad, los estudios contemporáneos plantean que “es el conjunto de las actividades necesarias para el gobierno de un país que presupone algunos elementos esenciales sin los cuales no se podría gobernar”. Estos elementos son, la autoridad política, la legitimación del poder y el principio de soberanía. (Abbagnano, 2008, p.830)[4].         

En este sentido, la reputación política puede ser un elemento de aceptación de los actores políticos en la sociedad y un factor que contribuya a la legitimación del poder, ya sea que dichos actores tengan en los hechos dicha virtud o que las personas los perciban con dicha facultad.

Véase también

Referencias

  1. Warren, H. (2009) Diccionario de psicología. México: Fondo de Cultura Económica.
  2. Aristóteles, (1985) Ética Nicomaquéa. Política. México: Editorial Porrúa, S.A.
  3. 3,0 3,1 Locke, J. (1956) Ensayo sobre el entendimiento humano. México: Fondo de Cultura Económica.
  4. Abbagnano, N. (2008) Diccionario de Filosofía. México: Fondo de Cultura Económica.


Autor de esta voz   

Concepción Virriel